Hasta cinco extinciones masivas ha sufrido nuestro planeta en los últimos 500 millones de años, episodios durante los cuales una parte significativa de la vida en la Tierra desapareció en un periodo de tiempo relativamente corto. Tras las mismas la biosfera necesitó millones de años para recuperar su biodiversidad y la vida se reescribió de nuevo; especies y formas de vida dominantes llegaron a desaparecer por completo y otras, hasta entonces marginales, evolucionaron y se diversificaron.

Las megaextinciónes más antiguas ocurrieron hace 440 y 365 millones de años respectivamente (durante los periodos geológicos Ordovícico y Devónico). Perecieron en cada una de ellas del 80 al 85 por ciento de las especies. La tercera fue la peor de todas, conocida como la gran mortandad ocurrió hace 251 millones de años, a finales del Pérmico. Perecieron el 96% de las especies marinas, incluyendo los numerosos trilobites, y el 70% de los vertebrados terrestres, incluso un tercio de las especies de insectos desaparecieron. Es lo más cerca que hemos estado de la extinción total. Las dos últimas ocurrieron durante el Triásico y el Cretácico, hace 205 y 65 millones de años respectivamente. Se extinguieron aproximadamente el 75% de las especies durante cada una. La más reciente acabó con el reinado de los dinosaurios y permitió a los pequeños mamíferos evolucionar y extenderse hasta dominar el mundo.

Se cree que estas extinciones en masa son el resultado de una tensión prolongada de millones de años durante los cuales se va acelerando la pérdida habitual de especies; culminada por un evento súbito y extraordinario, como el impacto de cometas y meteoritos o fogonazos de rayos gamma procedentes de supernovas cercanas, que rompen definitivamente el equilibrio de las debilitadas cadenas alimenticias. Entre los factores graduales más probables se encuentran los periodos de enfriamiento y calentamiento globales persistentes, la variación de los niveles oceánicos, la disminución del oxígeno atmosférico, la deriva continental y especialmente las megaerupciones basálticas.

Durante estos periodos de intenso vulcanismo, cantidades ingentes de lava emergieron a la superficie y sofocaron la atmósfera de polvo y óxidos de azufre provocando fríos y oscuros inviernos volcánicos, seguidos de periodos de calentamiento cuando se disiparon estos elementos y el dióxido de carbono expulsado comenzó a actuar provocando un efecto invernadero. Estas oscilaciones térmicas junto al perjudicial ambiente azufroso afectaron gravemente a las cadenas alimenticias. El caso más estudiado de evento extraordinario es la caída del meteorito que finalizó con la era de los dinosaurios, conocido como impacto KT. Un objeto de aproximadamente siete kilómetros de diámetro impactó cerca de la península de Yucatán a gran velocidad con un ángulo reducido, provocando un cráter de 180 kilómetros, olas gigantescas y fundiendo miles de toneladas de roca. Las eyección de rocas vaporizadas causó un agujero en la atmósfera de 30.000 metros de altura para luego caer sobre la superficie provocando incendios en todo el planeta, envolviéndolo en detritos y oscuridad. Además el meteorito golpeó sobre una capa de piedra caliza que tras vaporizarse precipitó como lluvias ácidas.

Muchos investigadores sostienen que la sexta extinción masiva ya ha comenzado. Según estudios realizados, en los últimos siglos han desaparecido cien veces más especies que la tasa promedio, sin embargo en este caso no es debido a factores naturales sino a la acción del hombre. La destrucción de ecosistemas, la contaminación y el cambio climático están reduciendo drásticamente la biodiversidad actual.

Referencias

Claves de la ciencia: Las fuerzas de la Naturaleza (capítulo 4)
Bill Bryson: Una breve historia de casi todo (capítulo 22)
Martin Redfern: 50 Cosas que hay que saber sobre la Tierra (capítulo 42)
El País: La sexta gran extinción está en marcha

Anuncios