El inmortal detective creado por Conan Doyle posee una mente privilegiada capaz de realizar deducciones asombrosas y resolver el más intrincado de los enigmas. Aunque es posible que nunca seamos capaces de igualar al personaje de ficción, con la debida preparación podemos acercarnos mucho a sus habilidades mentales y aplicarlas en nuestra vida cotidiana. Es lo que piensa María Konnikova, psicóloga columnista habitual del The New Yorker y autora del exitoso libro Como pensar cómo Sherlock Holmes.

En la mente humana actúan dos sistemas, uno rápido e intuitivo y otro más calmado y reflexivo. Estamos habituados a usar constantemente el primero y hacer uso del segundo sólo en contadas ocasiones ya que exige un mayor esfuerzo. El método propuesto básicamente consiste en hacer trabajar más a nuestra mente reflexiva.

El primer paso en el camino deductivo es la observación. Debe hacerse con atención plena y consciente (mindfullness), seleccionando los detalles importantes y descartando los irrelevantes. Percibir empleando todos los sentidos, no sólo la vista. Las ausencias son tan importantes como las presencias, así pues también prestar atención a lo que debería haber. Aplicar siempre un escepticismo saludable, ya que nuestro cerebro tiende a aceptar las informaciones recibidas como verdaderas. Debemos apartar nuestros prejuicios e ignorar la influencia del entorno. Evitar conclusiones precipitadas que guíen inadecuadamente la búsqueda de evidencias y ser capaz de corregir nuestras primeras impresiones, de las cuales siempre hemos de desconfiar.

La memoria es nuestro desván mental, así pues debemos mantenerlo limpio, ordenado y con las cajas debidamente etiquetadas. Es preciso seleccionar que dejar almacenado a largo plazo y descartar la información sin valor. Las indicaciones del párrafo anterior son de vital importancia, pues la manera en que se forman nuestros recuerdos dependen directamente de nuestra percepción.

ArthurConanDoyleEl siguiente paso es usar la imaginación. Este es el lugar donde experimentar y jugar con todos los datos conocidos y recabados sin alterar el orden de nuestra memoria. La imaginación nos permite encontrar soluciones diferentes, aunque debe ejercerse limitada por los datos obtenidos. Para estimularla en ocasiones es aconsejable distanciarse del problema ya sea físicamente, alejándose del lugar en investigación, o mentalmente realizando alguna actividad placentera que requiera poca atención consciente. Los paseos al aire libre son muy recomendables.

El último paso es la deducción. Evaluar todas las posibles soluciones, descartándolas, hasta llegar a una que resuelva el problema y excluya las demás. Ayuda separar lo crucial de lo incidental, elementos superfluos que nos distraen, y tener siempre en cuenta lo improbable. Poco probable no es lo mismo que imposible. Resumiendo: reflexionar, inhibir (la tentación de quedarnos con la solución más rápida o intuitiva) y corregir (las ideas iniciales).

Para finalizar recordar que la motivación es un refuerzo mental muy poderoso en cualquier tarea que realicemos. Por otra parte, el aprendizaje no acaba nunca. Siempre hemos de estar dispuestos a adquirir nuevos conocimientos y habilidades, así como no caer en la pasividad y auto-complacencia. Y por supuesto, aprender de los errores es tan importante como de los aciertos.

Conan Doyle posiblemente tomó el nombre para su personaje del médico y filósofo Oliver Wendell Holmes, pero sin duda se inspiró en el doctor Joseph Bell, también médico y profesor de medicina a quien conoció durante sus años de estudiante y famoso por realizar deducciones sorprendentes sobre sus pacientes a partir de meras observaciones. Llegó a escribirle: "En torno al eje de deducción, inferencia y observación que he oído que usted inculca, he creado un personaje que lo lleva hasta el extremo".

Referencias

María Konnikova:
– ¿Cómo pensar como Sherlock Holmes? (libro)
– Mindfulness, Deep Observation and Sherlock Holmes (conferencia en IdeaFestival 2013)

Imagen: Estatua de Sherlock Holmes erigida en Edimburgo en memoria de Arthur Conan Doyle, a quién corresponde la fotografía posterior.

 

Anuncios